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EL PADRE MIRANDA

 


El Padre Isidoro Miranda Morantes, nació el 1º de enero de 1879 en el municipio de Herrán, Norte de Santander. Hijo de Valentín Miranda y Circuncisión Morantes. En el año de 1896 ingresó al Seminario de Pamplona.
 
Desde niño experimentó dotes de artista y así logró realizar en breve tiempo grandes progresos en música y canto.
 
El 15 de diciembre de 1907 recibió la ordenación sacerdotal. Era un joven fuerte, dinámico, caritativo, progresista, de grandes ideales, de una fe profunda, visionario, sociable y entregado a la comunidad, polifacético y de una gran inteligencia. Por ello desde su juventud inquieta, estuvo organizando coros, enseñando a tocar instrumentos musicales y formalizando la banda de músicos en Tequia, la que le ayudaría a animar los espíritus de sus fieles en su nueva fundación en el Valle de Cutaligua.
 
Se desempeñó como excelente ingeniero civil y arquitecto en el trazo del pueblo, con sus amplias calles, plaza , manzanas, cementerio y templo parroquial. Abrió caminos hacia todas las veredas y construyó el nuevo camino Miranda-Tequia-Málaga, muy bien trazado y con puentes de vigas de madera sobre las quebradas. Este camino fue utilizado más tarde por los ingenieros en la construcción de la carretera central, sin hacerle modificaciones. Como periodista, es el primero en conseguir una imprenta regional comprada en Cúcuta, para mantener informada a la comunidad sobre los acontecimientos parroquiales, municipales y regionales, mediante la publicación de los períodicos:
 
El Pozano y El Zángano, los que se convirtieron en defensores del gobierno y de la ley, cuando los liberales querían que la carretera central no pasara por Miranda. Maximiliano Suárez fue su brazo derecho en esta imprenta, y muchas veces fue su redactor. Como pacificador, siempre estuvo al frente de su pueblo belicoso y bravo en los momentos violentos, en los que los amonestaba a la paciencia y a la tolerancia; muchas veces se enfrentó a sus enemigos quitándoles el puñal o el revolver de sus manos. Sabía sortear las cosas con sabiduría e inteligencia. En medio de una trifulca en que sus enemigos se amotinaron y reunieron el pueblo, los amenazó con irse; esto impactó tanto entre los revoltosos que se apaciguaron y se evitó el derramamiento de sangre. Siempre fue un amante de la paz; también condescendiente y participativo en los momentos de tomar decisiones en la lucha y por ello las campanas del templo eran siempre una voz informante y de alerta. Como buen samaritano se preocupaba frecuentemente por la gente pobre del pueblo y de las regiones vecinas; hacía brigadas con los más generosos y con Emilio Contreras como médico sin serlo, y repartían los medicamentos , el pan del espíritu y del cuerpo para revivir al hambriento y al pobre menesteroso a quien saludaba siempre ¡cómo están mis generales!.
 
 
 
 
       Óleo de Marco León Mariño
 
ubicado en el Panteón del Padre Miranda
 
 
 
El pan se multiplicaba siempre porque una característica del mirandino es ser generoso. El viernes era el día destinado a la multiplicación y repartición del pan en la misma casa cural. El padre Miranda siempre fue un seguidor del Divino Maestro y gran sembrador del amor; quiso también formar un equipo de apóstoles formadores de más apóstoles, y es así, como en una década más tarde consigue llevar a la Comunidad de los Padres Eudistas para que sean continuadores, predicadores y pescadores de vocaciones en el municipio y en la región. Les construye una gran mansión con campo deportivo para los jóvenes. Esta gran comunidad fue el motor de la formación moral e intelectual en Santander y Colombia por casi 40 años, y bajo las manos estrictas de la comunidad sacerdotal, fue luz y vida para muchos mirandinos en todas las profesiones, quienes hoy agradecen a la Comunidad Eudista desde el sitio donde se hallan. El Padre Fundador, amante de las artes, quería que todos los feligreses aprendieran un arte, y para ello organizó la Escuela de Artes y Oficios, donde se enseñaban cuidados para los niños, modistería y costura, tejidos, música, primeros auxilios, culinaria, etc. Las Hermanas Dominicas eran quienes dirigían estas actividades en el colegio que ellas regentaban.
 
 
Sobre la sotana mística de Miranda, hubieran podido lucir los forrados arreos de un General y las estrellas invencibles de un Comandante.
 
Fundó el pueblo el 8 de septiembre de 1915; murió después de haber celebrado las tres misas de navidad, el 25 de diciembre de 1943.
 
  
 
 
                                                                                         
 
 EL PADRE MIRANDA Y LAS HERMANAS TERCIARIAS DOMINICAS
 
Artículo tomado del No. 421 de “El Pozano” por una Hermana Terciaria
 
 
Hace apenas dos años, el 18 de febrero de 1930, celebramos con extraordinaria alegría las Bodas de Oro de nuestra muy amada Congregación. Las emociones de tan hermoso día no son para describirlas; es tan grato al corazón de un hijo celebrar el cumpleaños de su madre. Es la ocasión de felicitarse los amigos y de ofrecerse regalos, que consolidan y afianzan la amistad.
 
El Padre Miranda, amigo como nadie de nuestra Congregación y bienhechor generosísimo, se apresuró entonces a compartir nuestra dicha, y aún a acrecerla, con la bendición e inauguración de la capilla, que ya tenía decorada con estatuas y provista de ornamentos y vasos sagrados. Sólo faltaba el divino Dueño de nuestros corazones, quien ese día, por obra de su dignísimo ministro, vino a quedarse con nosotras y a habitar bajo un mismo techo. Ese fue el presente del Padre Miranda, adecuada ofrenda de un plenipotenciario del rey de los cielos.
 
Hoy se han trocado los papeles: es el Padre quien celebra Bodas de plata sacerdotales, y a nosotras nos corresponde traerle felicitaciones y presentes. La gratitud y la justicia nos lo piden. En testimonio pues, de agradecimiento queremos publicar las bondades del párroco de San José de Miranda para con nosotras, o más bien, nos contentaremos con enumerar las principales, porque son muchas y muy grandes.
 
Hacía varios años que deseaba con vehemencia dotar a la población de una Congregación Religiosa que tuviera como fin principal la formación de la juventud femenina, y con tal fin, a principios del año de 1929, después de obtener el consentimiento de su ilustre y amado Prelado, se dirigió a Ntra. Rvma. Madre Superiora General, Sor María Consolación de Jesús, quien, antes de aceptar el contrato, vino a cerciorarse personalmente de las ventajas incalculables que le ofrecía a la Comunidad la fundación de esta casa, y regresó llena de entusiasmo y de esperanzas por el bien que podría hacerse a favor de la población y corresponder así a tanta generosidad de nuestro bienhechor.
 
El contrato quedó sellado en las mejores condiciones para nosotras, y a mediados de diciembre del mismo año, tras de incansable tarea en que el mismo Padre Miranda aventajaba a los obreros en el trabajo, fue a Bogotá a recibir a las Hermanas fundadoras, no sin dejar aquí en San José de Miranda ordenado el pomposo recibimiento que la población entusiasta debía hacernos.
 
Nos hospedó primero en su propia casa, y luego nos llevó la que nos había preparado, donde, apenas instaladas, interpretaba todas las necesidades antes de que nosotras se las manifestáramos. De este modo se ganó nuestra confianza, y ahora acudimos a él con la seguridad de hallar siempre a un padre solícito y amante.
 
Fuera del Convento y de sus dependencias nos obsequió un campito de cuyos frutos sabrosos y exquisitos ya gozamos.
 
Debido a su interés podemos ofrecer hoy día a la población no sólo la dirección de la escuela de niñas, sino también un Colegio donde se procura dar a la mujer una enseñanza práctica que la haga útil a la familia, a la sociedad y a la Patria.
 
La generosidad del Padre es tánta, que no quedando satisfecho con todo esto, se propone construir una capilla y un amplio edificio de los cuales ya tiene el plano; inmensa obra de caridad que no ha podido realizar porque la crisis no se lo ha permitido.
 
Son tantos, en fin, los beneficios que sería largo enumerarlos. Pedimos al Dueño de los tesoros celestiales recompense con sus mejores dones al insigne ministro, que ha consagrado sus energías y su vida entera como holocausto en aras del amor a Dios y a las almas que le han sido confiadas, y que como pastor solícito atrae al redil a las almas extraviadas, moviéndolas no sólo con su elocuente palabra, sino con sus ejemplos de acendrada virtud y sacrificio; que la gracia divina lo sostenga en tan magna obra hasta que reciba la inmortal corona que ceñirá su frente en la Patria de los bienaventurados.
 
 
 
 EL PADRE MIRANDA
 
 
El doctor Rafael Ortíz González escribió esta nota sobre el Padre Miranda el día de su muerte.
 
 
Falleció repentinamente el reverendo Padre Isidoro Miranda, uno de los sacerdotes más vigorosos y representativos de Colombia, fundador de San José de Miranda, que surgió de su mente y de su corazón, como las antiguas ciudades del país, en los viejos tiempos, que tuvieron como fundador e inspirador el espíritu de algún sacerdote católico.
 
El Padre Miranda fue el verdadero Cura de almas, el hombre de espíritu y de acción que deja fundada una población ilustre con su propio nombre, para que perpetúe eternamente la sombra del gran Sacerdote, del hombre de empresa, que al lado de su Ministerio divino, supo levantar la figura y el espíritu de un pueblo, que es orgullo de Santander y de Colombia.
 
Cuando en las horas del alba, salía de la capilla, después de celebrar el sagrado sacrificio de la Misa, se desplomó silenciosamente este glorioso apóstol sobre el suelo cordial y húmedo que él había humedecido con su esfuerzo y había fecundado con su ancho afecto espiritual.
 
El Padre Isidoro Miranda muere a la edad de 65 años, después de haber llenado con su fuerte figura humana y evangélica muchos episodios grandes de nuestra vida democrática.
 
Muchos tuvieron del Padre Miranda una figura equivocada, un concepto recortado de la personalidad múltiple de ese sacerdote egregio.
 
Nosotros, en pasada ocasión, tuvimos la oportunidad de dialogar con este Apóstol fuerte y humano, que hablaba de todo y sobre todo, con una singular desenvoltura, con una erudición pasmosa, y con un dominio desconcertante de la historia, de la religión y de política.
 
La cultura del Padre Miranda era admirable, y poseía un fino sentido irónico y sencillo, que desconcertaba a primera vista.
 
Tenía el Padre Miranda una voz pectoral, profunda y ungida. Unas espaldas anchas y poderosas. Una cabeza rotunda, abultada. Era pequeño de estatura y grande y magnánimo de corazón. Profundamente humano, sencillamente humano, comprendía y entendía todas las cosas de la tierra, tal vez porque había sabido y comprendido primero todas las cosas del Cielo.
 
Era un militar, un rebelde del espíritu, aquietado por la ola suave y mansa de su sotana, por su sereno vestido Sacerdotal.
 
Bajo el pecho heroico de este hombre y de este Ministro de Dios, latía y se ensanchaba el corazón de un caudillo, atemperado por las máximas de su Religión, por los preceptos divinos.
 
Como no podía ganar batallas militares, como no podía marchar al frente de un ejercito, ni tomarse una fortaleza, resolvió encauzar su actividad en una obra grande y perdurable, más que una victoria de armas, y fundó a San José de Miranda, que es uno de los pueblos modelos de Colombia, por sus servicios públicos, por su economía, por su administración y cultura.
 
Hoy el roble ha caído en medio de la ancha plaza, pero ya dejó sembrados muchos árboles que se levarán hasta el cielo y ampararán con su sombra centenaria el recuerdo inolvidable del ínclito fundador desaparecido.
 
Santander registra con dolor la desaparición de este caudillo espiritual, fundador de pueblos y catequizador de almas, que en unión de ese otro gran Sacerdote desaparecido, doctor Raymundo Ordóñez Yánez enseñaron a la sociedad de los dos Santanderes, con su vida y con su ejemplo, muchas lecciones vivas y ejemplares que perdurarán en la historia.
 
“El Frente” envía al clero santandereano y al pueblo de Miranda, huérfano de su Maestro y de su Fundador, las más vivas expresiones de sentimiento y se inclina ante la tumba del gran caudillo muerto, con un !presente¡ firme, de corazón y de alma, y con unánime homenaje de respeto y silencio...
 
 
 


ORACION A LA VIRGEN DE LOS REMEDIOS

¡Oh! soberana Señora y Madre amorosísima, gloriosa siempre Virgen María de los remedios, yo te suplico me recibas en el piadoso pecho de tu misericordia, como esclavo perpetuo tuyo y con singular protección me ampares y favorezcas ahora y en la hora de mi muerte; en tu piedad amorosa pongo toda mi esperanza, todo mi consuelo, todas mis penas, para que con tus ruegos misericordiosos encamines todas mis obras y pensamientos a la mayor gloria de Dios y honra de tu Unigénito Hijo, Jesucristo Nuestro Señor. Amén


VISTA SATELITAL
ELOCUENCIA


Allá tras de las montañas, bajo el cielo estrellado,
está San José de Miranda cual tesoro acrisolado,
todos le estamos cantando porque nos ha inspirado.

¡Oh si! sencillito pero honesto es mi pueblo acogedor,
invencible en las luchas como fue su fundador,
quien nos dejó patrimonios de gallardía y pundonor.

En su terruño aprendimos a tejer de espinas rosas
y a hacer de cada tropiezo, alas de mil mariposas,
para volar por el mundo haciéndote conocer
como a la patria querida que un día nos vio nacer.

Es San José de Miranda el terruño encantador
que nos impregna en la sangre honestidad y honor,
para decirle al mundo ¡soy mirandino señor!,
por eso somos frenteros rellenitos de folclor,
porque allí nos enseñaron de la vida lo mejor.

Nuestra patria es bendita, privilegio celestial,
de nuevo con Seminario, toca su marcha triunfal
para servir de regazo donde se pueda gestar
vocaciones consagradas en vida sacerdotal.

Ya muchos seres queridos se marcharon para el cielo,
pero eso sí, nos dejaron frutos de grandes anhelos,
con sabiduría innata, su tesón y sus desvelos.

¡Arriba patria querida!
no te dejes rezagar,
mira que eres consentida del que sabe amar,
el Creador del universo, que es el que te hace triunfar.

Mery Corzo Suárez

A SAN JOSE DE MIRANDA


Vagan solitarias muchedumbres
cumpliendo con esfuerzo y voluntad,
cantando por las faldas van en grupo,
de la vieja Tequia a la gran ciudad.

Un ladrillo no más sobre sus hombros,
carga feliz aquella muchacha,
y Jesús les bendice aquella obra
de trasladar su Tequia a la planada.

Los peregrinos proceden el camino,
y las mujeres elevan la oración,
y el sacerdote, Miranda los recibe
con el canto alegre y solemne bendición.

Así se fundó con amor y gran ternura
esta Miranda que es nuestro gran querer,
y gracias al hermoso santuario que tenemos,
hoy es el pueblito lindo de Santander.

Rosmira Parra Bermúdez.

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