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Carlos Hernández me envió recientemente un correo que parecía ser de esos aburridos que le reenvían a uno con frecuencia y que contienen generalmente archivos de Power Point, con mensajes filosóficos, religiosos, jocosos o políticos, fotos de paisajes o mensajes que nunca les dijimos al hijo al padre o a la madre.
 
 
No obstante, este que se llama “¿Te acuerdas?”, mostraba   una serie de fotos de los años 60 y 70 que nos traen buenos recuerdos.
 
Cuando lo leí estaba acompañado de mi sobrino de 12 años y entonces ese correo, me hizo evocar la forma como nos divertíamos en “nuestra época” y la diferencia tan abismal en que lo hacen hoy nuestros hijos.
 
Es que los niños nacidos en los últimos 10 o 15 años no pueden ni siquiera imaginar que nosotros sobrevivimos sin TV a color, sin celular, sin Nintendo, Play Station, X-Box, Game Boy ni la Wii. y menos internet Wi Fi de banda ancha, Google, Google Earth, ni los videos de Youtube.
 
Se muestran sorprendidos al saber que no podíamos bajar Ring Tones y que tampoco conocimos el Ipod, el Mp3 y menos el Mp4. No cabe en sus cabecitas la idea de que nosotros crecimos sin celular con grabadora de voz ni cámara de muchos megapixeles, y que las fotos las tomábamos con cámaras que usaban una cosa llamada rollo y que se requerían varios días para ver cómo quedaban las fotos, pues había que revelarlas. Le conté esto a mi sobrino y me dijo:
-Cómo es eso del rollo tío, entonces las imágenes no se grababan como JPG para bajarlas al PC que no se podían transferir por Bluetooth?.
 
Hoy los niños en el bus escolar viajan oyendo la música que han bajado gratis de internet a sus reproductores musicales. Incluso se las transfieren de un equipo a otro, como por arte de magia.
 
 

Los textos que utilizábamos en aquel entonces en nuestra Escuela “Francisco de Paula Santander” para el desarrollo intelectual y pedagógico tenía que ver con una generación de cartillas como: la Charry, Alegría de leer, Coquito, el Libro de Lecturas Álvaro Marín y Alejandro Cano, el Manual de Urbanidad de Carreño,
las Cien Lecciones de Historia Sagrada, el Catecismo del Padre Astete.

Para quienes sienten nostalgia de sus tiempos de la escuela primaria, a continuación se puede leer el contenido completo del Libro Primero de de Leer en su 46a. edición. (clic en la tira de imagenes)

 



La Alegría de leer no era el primer libro de lectura escrito en el país; en 1939 salieron los Primeros conocimientos para los niños que empiezan a leer, al que siguieron otros como la Cartilla de César B. Baquero, publicada antes de 1889. Desde 1917,
la Cartilla de Charry se convirtió en la más usada en las escuelas del país, cuyo número empezaba a crecer: leer y escribir era cada día más una necesidad universal. Cuando apareció la Alegría de leer, lograba aceptación la idea de que todos los colombianos tenían que aprender la lectura, y avanzaba un proceso rápido de expansión de la primaria iniciado en los años finales de la república conservadora. Colombia estaba lista para un texto masivo y moderno.

Era también un libro pedagógicamente novedoso. En un país que usaba la lectura silábica de Baquero y Charry, Quintana abogaba por un método ecléctico basado en la comprensión integral de la frase. La novedad pedagógica, así como las amplias y coloridas ilustraciones, el lenguaje muy correcto y cuidadoso, el interés por despertar en los alumnos al aprecio de la literatura y, en general, los rasgos de una "escuela activa" que se proclamaba desde la tapa, lo hicieron triunfar.
Por supuesto, con pocas letras, las posibilidades de construir sentencias completas son reducidas, y esto explica el resultado casi poético del texto, fuertemente aliterativo. Algunas de las frases más exitosas han pasado a la memoria de todos los colombianos: Elena tapa la tina, el enano bebe. En otros casos las soluciones son más arbitrarias y peregrinas, aunque siempre atractivas: yo soy el rey y amo la ley, Olano une la lona, boto el lulo a la tina, Polita, no vote el apio ni el poleo, el pato no tiene pelo. Y quizás hoy nos suene improbable la información de que "el general tiene poca gente, pero escogida, generosa y de buen genio" y produzca sentimientos mezclados el dato de que "Otilia no tiene vacuna ni coca".

 
De otra parte, algunos conocimos apenas el radio de transistores, en mi caso, una panela pesada a la que había que colocarle pilas grandes. Incluso alcance a conocer los radios Philips de tubos en los que oíamos programas de humor como Los Chaparrines, La escuela de doña Rita, Montecristo y el famoso Ever Castro; las series de Kaliman ,Tamakun, Arandú. Años después llegó la TV en Blanco y negro, pero no era fácil tener ese lujo.
 

El TV, empotrado en un mueble con patas, estaba ubicado en la sala, no en los cuartos y había solo uno, por lo cual la familia se reunía todos los días. Hoy el chino se encierra en su cuarto a ver Cartoon Network y 120 canales más y no sale ni a comer.
 
Recuerdo además cómo nos divertíamos viendo El Túnel del Tiempo, Perdidos en el Espacio, Yos Soy Espía, Kojak, Bareta, Viaje a las Estrellas, Daktari, Super Agente 86, Hechizada, Bonanza, El Gran Chaparral, El Virginiano,  Tarzán, Lassie, Mi bella genio, El Planeta de los Simios, Tierra de Gigantes, Viaje al Fondo del Mar, El Llanero Solitario, La Familia Ingalls, Dallas, El Crucero del Amor, Misión imposible, La Isla de la Fantasía, Los angeles de Charlie, Los Tres Chiflados, Laurel y Hardy (El Gordo y el Flaco), Abbott y Costello, Yo y Tu, Don chinche, El show de Jimmy, Concéntrese, Fantasías Animadas de Ayer y Hoy, Capitán Centella, Meteoro, Thundercats, He Man, Heidi, la Abejita Maya…
 
Mi sobrino me pregunta si la pasábamos aburridos sin Internet y no se explica cómo diablos podíamos comunicarnos con nuestros amigos y amigas sin poder utilizar Facebook ni poder chatear o emplear el correo electrónico o los mensajes de texto de los celulares.
 
Como lo vi con cara de pesar conmigo por mi triste infancia sin la tecnología, traté de explicarle que realmente la pasamos muy bueno en la infancia sin los aparatos tecnológicos de hoy. Empecé por contarle que cuando éramos chiquitos los juguetes no venían de la China y generalmente no tenían pilas. Por supuesto no existían los Power Rangers, nos tocó jugar con soldaditos de plomo y luego de plástico; nuestros héroes eran Supermán, Aquaman, Linterna Verde, Tarzán, El Santo el enmascarado de plata.
 
Si nuestros padres no tenían recursos, nosotros hacíamos los juguetes, tallando madera, con palos, con tarros, tapas de gaseosa que aplastábamos. Si no teníamos para comprar los balones de cuero o las pelotas de letras, con trapos hacíamos las pelotas para el picadito y con el palo de escoba el caballito. Nuestra ilusión era tener un par de pistolas de fulminantes plateadas con cartuchera como las del Llanero Solitario o las de Roy Rogers.
 
Los carritos eran de madera o de hojalata y las muñecas no decían mamá, ni hacían pipí. Ni siquiera tenían un marido llamado Kent ni ellas se llamaban Barbie, pero sus ojitos si se cerraban al moverlas. Eran de plástico duro y si se le caía un bracito o una patica era un camello volver a encajarlos.
 
Cogíamos las tapas de gaseosa las rellenábamos de cera o de cáscaras de naranja, y ya teníamos un vehículo para jugar a la vuelta a Colombia sobre los andenes o pintando en la calle con tiza una pista..
 
Un cajón sobrante, unas tuercas, puntillas, tres o cuatro balineras y ya teníamos un veloz vehículo para lanzarnos desde la calle más empinada sin casco. El freno era un pedazo de llanta que se pegaba con puntillas a este “carro esferado”. En el plano teníamos al amigo que nos empujaba.
 
Otro bonito juguete de locomoción era la patineta (Scooter) que nos las hacía Juan Márquez Jr., este era uno de los juguetes que más lo llenaba a uno de adrenalina, era similar a las Scooters de hoy en día, sólo que era hecha toda en madera y con dos balineras.
 
¿Recuerdan el juego de los cinco huecos o la mayor pared?
 
 En la droguería o en el almacén comprábamos las bolitas de cristal (maras o canicas) o en la escuela, para jugarlas en el recreo.
Teníamos que aprender a lanzarlas con los dedos para sacar del cuadro la mayor cantidad de las del retador, otra juego que se hacía con las maras era el de la culebrilla, consistía en realizar un camino serpenteado en la tierra y transportar a través de el las bolas de cristal. También jugábamos a la turra, una especie de bolo criollo que consistía en poner monedas apiladas sobre una roca rectangular la cual se podía tumbar lanzando desde cierta distancia otra roca para tumbarla.
Otro juguete muy bonito era el “Rumbador” este se hacía con tapas de gaseosa machacadas hasta obtener un disco totalmente plano con dos agujeros en el centro como si fuera un botón al cual se le introducía una pita, se anudaba y listo, hacerlo girar y estirarlo hacia los lados para hacerlo “rumbar” (girar).
 
Un juguete muy divertido era el helicóptero o girador, que también lo hacía Juan Márquez, se trataba de un alambre entorchado al cual se le colocaba una propela o girador hecha con latón que se impulsaba a través del alambre para salir girando por los aires.
 

Continuando con el gran ingenio de los chicos hacíamos unos zancos con canecos (latas) vacías al cual se le colocaban dos cabuyas una a cada lata y a competir se dijo.

 
Jugábamos con nuestros trompos de madera, durante horas y nos divertíamos mucho. Mi sobrino tiene un trompo de plástico y no entendió cuando le dije que el juego en esa época consistía en retar al competidor “picando una calle”, una especie de carrera de varios metros empujando un trompo

Quien perdía se arriesgaba a que su trompo quedara destrozado por un “hachazo” que consistía en poner el trompo perdedor para ser roto por otro que tenía el “ron” en forma de hacha.
 
Si acaso nuestros padres tenían modos, podíamos aspirar a un triciclo o a una bicicleta con guardafangos. El casco no lo conocimos, pero pocas veces nos rajamos la cabeza.
 
Si no podíamos tener cicla entonces a echar aro!. En los monta-llantas buscábamos los aros que los sacaban del circulo interior de las llantas viejas y apostábamos carreras haciéndolos rodar empujándolos con un palito.
 
 
Mientras, las niñas jugaban con sus ollitas de plástico, pintaban la golosa, jugando rondas infantiles como Materile, las cintas, las ollitas o se divertían con el juego de Jazz o saltando lazo, o con nosotros a las escondidas, pero no las americanas, sin el menor peligro pues esa vaina del sexo ni se nos pasaba por la cabeza.
 
Nuestras armas eran las caucheras y las pistolas de madera con una banda de caucho y el armamento que eran tapas de gaseosa o de cerveza, todo este arsenal lo mandábamos hacer donde el gran genio de los inventos que era Juan Márquez Jr . Nos divertíamos jugando a vaqueros e indios y armábamos refugios.
 
Cuando teníamos sed nos tomábamos una KolCana, una Kiss de Uva, Lux naranja, una Kola Román,una Coca Cola, una Castalia o una Lux Kola. O en su defecto un delicioso guarapito fresco donde Doña Cleofe o donde Doña Maximina
 
Las fiestas eran en la casa de alguien al ritmo de, Lucho Bermúdez, Los Graduados o los Corraleros del Majagual, pues no había discotecas, ni mini- tecas. La música era con discos de acetato que se hacían sonar en las radiolas de aguja.
 
Hasta nos divertíamos con papá, mamá y hermanos armando rompecabezas de cartón, o jugando parqués.
 
Otra manera de divertirnos era molestando a los bobitos del pueblo de ese entonces como eran la “Boba de los Quesos”, “La Nigua” y el “Bobo Polo”
 
Cuando nos cogía la noche jugando en la calle nuestra mamá no nos marcaba al celular, solo salía a la ventana y gritaba: “Niños” entren ya a comer!!!. No había mayor peligro en la calle pues había un policía en el parque, hoy seguramente no dejamos salir a los niños si está el policía en el parque. Ya en casa nos bañábamos las manos con el delicioso jabon de Reuter, antes de pasar a la mesa. 
 
Ni se diga la emoción que nos causaba oír gritar a Carlos Arturo Rueda C. transmitiendo la Vuelta a Colombia.
 

Huy casi se me olvida contarle a mi sobrino que cuando salió el Yoyo Russell de Coca-cola durábamos horas completas entrenando el perrito paseador la torre Eiffel, o el perrito mordelón.
 
Cuando llegaban las fiestas de febrero quien no compraba las cocas de madera y en diferentes tamaños, este era un juguete muy hermoso.

 Parece que no me creyó mucho sobre lo felices que fuimos en la infancia. Lo único en lo que si le noté la envidia a mi sobrino fue cuando le conté que solo estudiábamos medio día y que las tareas eran muy pocas; lo más tedioso era adelantar los cuadernos y hacerle los dibujitos. No me podía creer. Le conté además que nunca nos pedían hacer maquetas, carteleras ni trabajos largos en los que tocaba investigar , por lo que nuestros papás nunca se trasnocharon por eso.
 
-Así si me cambiaría de época a través de una máquina del tiempo,- me dijo, pero me llevaría mi PSP.


 
 

 


 






ORACION A LA VIRGEN DE LOS REMEDIOS

¡Oh! soberana Señora y Madre amorosísima, gloriosa siempre Virgen María de los remedios, yo te suplico me recibas en el piadoso pecho de tu misericordia, como esclavo perpetuo tuyo y con singular protección me ampares y favorezcas ahora y en la hora de mi muerte; en tu piedad amorosa pongo toda mi esperanza, todo mi consuelo, todas mis penas, para que con tus ruegos misericordiosos encamines todas mis obras y pensamientos a la mayor gloria de Dios y honra de tu Unigénito Hijo, Jesucristo Nuestro Señor. Amén


VISTA SATELITAL
ELOCUENCIA


Allá tras de las montañas, bajo el cielo estrellado,
está San José de Miranda cual tesoro acrisolado,
todos le estamos cantando porque nos ha inspirado.

¡Oh si! sencillito pero honesto es mi pueblo acogedor,
invencible en las luchas como fue su fundador,
quien nos dejó patrimonios de gallardía y pundonor.

En su terruño aprendimos a tejer de espinas rosas
y a hacer de cada tropiezo, alas de mil mariposas,
para volar por el mundo haciéndote conocer
como a la patria querida que un día nos vio nacer.

Es San José de Miranda el terruño encantador
que nos impregna en la sangre honestidad y honor,
para decirle al mundo ¡soy mirandino señor!,
por eso somos frenteros rellenitos de folclor,
porque allí nos enseñaron de la vida lo mejor.

Nuestra patria es bendita, privilegio celestial,
de nuevo con Seminario, toca su marcha triunfal
para servir de regazo donde se pueda gestar
vocaciones consagradas en vida sacerdotal.

Ya muchos seres queridos se marcharon para el cielo,
pero eso sí, nos dejaron frutos de grandes anhelos,
con sabiduría innata, su tesón y sus desvelos.

¡Arriba patria querida!
no te dejes rezagar,
mira que eres consentida del que sabe amar,
el Creador del universo, que es el que te hace triunfar.

Mery Corzo Suárez

A SAN JOSE DE MIRANDA


Vagan solitarias muchedumbres
cumpliendo con esfuerzo y voluntad,
cantando por las faldas van en grupo,
de la vieja Tequia a la gran ciudad.

Un ladrillo no más sobre sus hombros,
carga feliz aquella muchacha,
y Jesús les bendice aquella obra
de trasladar su Tequia a la planada.

Los peregrinos proceden el camino,
y las mujeres elevan la oración,
y el sacerdote, Miranda los recibe
con el canto alegre y solemne bendición.

Así se fundó con amor y gran ternura
esta Miranda que es nuestro gran querer,
y gracias al hermoso santuario que tenemos,
hoy es el pueblito lindo de Santander.

Rosmira Parra Bermúdez.

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